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HISTORIA DE LOS PORTONES

La puerta es tan antigua como las primeras construcciones. Obviamente las civilizaciones nómadas no usaban puertas al estilo que hoy entendemos, cierres firmes que defienden y separan del exterior, ya que no podían transportar cargas grandes y pesadas.

Pero las tribus sedentarias hacían puertas con lo que su medio ambiente les ofrecía: caña, barro, palma, ramas, troncos.

La palabra puerta viene de portare (portar, llevar). Tiene su origen en la civilización romana, que cuando establecía un lugar para fundar una nueva ciudad, hacía un trazado perimetral con un arado, siguiendo un ceremonial etrusco. Estos surcos de arado, que ya tenían una entidad legal de inviolabilidad, tenían en la zona donde permitían la entrada en el recinto, una interrupción que se conseguía portando o elevando el arado para que no marcara el espacio donde se emplazaría la que por eso se comenzó a llamar puerta.

Pero con el desarrollo de las primeras hachas de hierro que permitían la tala de árboles y su manipulación para conseguir trozos de madera a medida, comenzó la era de las puertas tal y como ahora las concebimos. Las hachas primitivas fueron encontradas en Palestina en el 700 a. de C.

Este puede ser considerado el año 0 de nuestra industria, porque ya eran posibles los trozos de madera semejantes a los actuales y las piezas de hierro forjado como las que hoy colocamos en nuestras puertas.

Mucho antes de la Edad Media ya se hacía una armadura con travesaños de madera que servía para sujetar piezas por delante más o menos uniformes, que conseguían el cierre de la abertura en el muro, resultando unas puertas muy semejantes a las que hoy usamos.

En fin, siguiendo las tendencias de la arquitectura en los distintos lugares, la puerta y los portones se hacían diferentes. En la civilización árabe, muy abigarradas y geométricas, generalmente plafonadas con cuadrados encajados en la estructura. En el Barroco y Renacimiento, también plafonadas y de progresiva complicación de formas hasta el reciente Modernismo, que ofreció a los ebanistas campo para desarrollar su imaginación y maestría.

Después de la Revolución Industrial de mediados del XIX, se comenzaron a hacer puertas en serie que incorporaban procedimientos industriales seriados y simplificados hasta el punto de hacerse lisa por ambos lados.

En el siglo XX empezaron a valorarse nuevamente los procesos artesanales como los que se realizan en nuestro taller y continuaron las puertas y los portones de siempre teniendo un lugar predominante en la decoración rústica, en las construcciones que querían distinguirse por un gusto exclusivo y un estilo especial.

Si consideramos el año 700 a. de C como el del comienzo de nuestra industria, pensemos que las puertas y portones de nuestro catálogo son de los pocos productos artesanales que se han mantenido invariables desde hace tantos siglos. Imaginemos algunos modelos de nuestro catálogo sirviendo de decoración en una película de la época de Jesucristo y quedarían plenamente integrados.